Extraña Melancolía


[...Cuídense ustedes de toda avaricia; porque la vida no depende del poseer muchas cosas...] 
Lucas 12:15

En miles de ocasiones nuestros pensamientos son frívolos y gracias a esto nuestra vida ha tenido deficiencias espirituales muy grandes. Nosotros mismos permitimos que los afanes se hagan el eje principal de nuestra existencia ocasionando una extraña melancolía, por ejemplo sentirse solo cuando estas rodeado de amigos y familiares, sentirse miserable mientras que tus ahorros en el banco están creciendo día a día, estás son las consecuencias de escoger el gozo incompleto de este mundo.

¿Son malas las riquezas o querer superarse en la vida?
NO, Definitivamente No.
Incluso el apóstol Juan le dijo al anciano Gayo con mucho amor  "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Juan 1:2 RVR60)"
No son malas las riquezas, ni que quieras tener tres coches de lujo y ni que quieras ser ingeniero con 2 maestrías y un doctorado al contrario Gloria a Dios por ello. El problema inicia cuando amamos más nuestras pertenencias o nuestros títulos, cuando dejamos de velar por nuestra alma, cuando se nos olvida que es muy probable que esta noche nuestra alma puede ser arrebatada, este es el verdadero problema.

¿Vives triste ó desesperado?
Existe una diferencia entre la tristeza y la desesperación. La tristeza es un dolor para el que existen maneras de aliviarlo, podemos encontrar consuelo en nuestra familia para sobrellevar la situación. Sin embargo, la desesperación es inconsolable, porque nace de perder algo esencial. Cuando perdemos la fuente esencial del sentido de la vida o de nuestra esperanza, ya no hay otras fuentes a las que recurrir. Esto quebranta nuestro espíritu.

Para conocer a Dios es necesario recuperar lo esencial, y olvidarnos de esa extraña melancolía y de poner las cosas valiosas en primer lugar. Es tiempo de velar por nuestra alma, de Amar a Dios y de confiar en su providencia, de su sustento y de su amor.

Favor de leer: San Lucas 12:13-34.



Josué C. Luna.

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